Brillantez emocional: informe de un caso.
Esta refinada habilidad en el fino arte de la influencia emocional está tal vez mejor ejemplificada por una historia narrada por Terry Dobson, que en la década del cincuenta fue uno de los primeros en estudiar el arte marcial aikido en Japón.
Una tarde viajaba a su casa en un tren suburbano de Tokio cuando subió un trabajador robusto, agresivo, borracho y sucio. El hombre se tambaleaba y comenzó a asustar a los pasajeros, mientras maldecía en voz alta golpeó a una mujer que sostenía un bebé en brazos y la hizo caer encima de una pareja de ancianos, que a su vez se levantaron de un salto y corrieron hasta el otro extremo del vagón. El borracho se dio algunos golpes más y se hagarro de la barra de metal que estaba en el medio del vagón e intentó arrancarla.
En ese momento Terry, sintió que debía intervenir para evitar que alguien saliera lastimado, pero recordó las palabras de su maestro: ” el aikido es el arte de la reconciliación. El que tenga la intención de luchar habrá quebrado su conexión con el universo. Si intentas dominar a la gente, ya estás derrotado. Lo que estudiamos es cómo resolver el conflicto, no como iniciarlo.”
Terry se puso de pie lentamente y al verlo el borracho rugió:” ¡Ajá! ¡Un extranjero! ¡Lo que necesitas es una lección sobre modales japoneses!” y se dispuso a lanzarse sobre Terry. Pero en ese preciso instante alguien lanzó un grito ensordecedor y extrañamente alegre. “¡Eh!”
Era como si alguien se hubiese encontrado con un amigo. El borracho, sorprendido se dio media vuelta y vio a un diminuto japonés, de unos setenta años, sentado y vestido con kimono. El anciano le sonrió al borracho con deleite y le hizo señas con la mano mientras le decía “Ven aquí”.
El borracho avanzó mientras le decía en tono beligerante:
- “¿Por qué demonios debería hablar contigo?”. Entretanto Terry estaba preparado para derribar al borracho en cuanto hiciera el menor movimiento violento.
- ¿Qué has estado bebiendo? preguntó el anciano mientras miraba al borracho con una sonrisa.
- He estado bebiendo “sake”, y no es asunto tuyo le respondió el borracho.
- Oh, es maravilloso, absolutamente maravilloso, le dijo el anciano en tono amistoso. ¿Sabés? A mi también me gusta mucho el “sake”. Todas las noches mi esposa y yo, ahora ella tiene sesenta y seis años, calentamos una pequeña botella de sake, la llevamos al jardín, nos sentamos en un viejo banco de madera, y disfrutamos la bebida. Poco a poco el borracho comenzó a suavisarse y a aflojar sus puños.
- Estoy seguro que tienes una esposa maravillosa le dijo el anciano.
- No, dijo el borracho. Mi esposa murió y entre llantos comenzó a contarle su historia, de cómo había perdido a su esposa, su hogar, su trabajo y se sentía avergonzado de sí mismo.
En ese momento Terry tenía que bajar y oyó cuando el anciano invitaba al borracho a sentarse con él y le contara todo. Vio como el borracho se tendía en el asiento y apoyaba la cabeza en el regazo del anciano.
Eso es brillantez emocional!!!!!!!!!!!!